Así comenzó todo

Giulietta y Federico son Laura Ruiz Martínez (Los Gandules, Los Ases del Jiloca, Hillbilly Mongows) y Roberto Montañés (Los Gandules, Berzas…), aunque ellos insisten en que esa es únicamente su identidad administrativa y que, por razones todavía no esclarecidas, nacieron realmente en algún lugar entre Cinecittà y Trastevere.

La historia cuenta que Giulietta y Federico se conocieron en el restaurante Rugantino de Trastevere durante la legendaria fiesta de cumpleaños de la condesa Olghina di Robilant en 1958. Mientras las estrellas de cine, aristócratas, cantantes y personajes imposibles brindaban con champán, ellos trabajaban como camareros.

Ni Giulietta ni Federico destacaban especialmente en su trabajo. De hecho, según algunos testimonios, gran parte de la vajilla desaparecida durante aquella época podría estar relacionada con ellos.

Los bajos salarios del restaurante y sus enormes ganas de incorporarse al estilo de vida de la Dolce Vita les llevaron a tomar la decisión de unir sus talentos y ponerse al servicio de la música italiana.

Durante años recorrieron fiestas de la vendimia en la Toscana, ferias de parmesano, festivales de limoncello y celebraciones donde el prosciutto di Parma y la mortadela de Bolonia eran tratados con más respeto que algunas autoridades locales. Actuaron en fiestas patronales con más Vespas que habitantes y en terrazas donde el aperitivo era considerado un asunto de Estado. Compartieron escenario con cantantes famosos, acordeonistas legendarios, fabricantes artesanales de mozzarella, campeones de lanzamiento de pizza y, según afirman ellos mismos, con una rueda de parmigiano de setenta kilos.

Giulietta y Federico comiendo espagueti

Entre espaguetis y panettones

 

Han tenido que transcurrir más de sesenta años para que el gran público descubra por fin este espectáculo, injustamente ignorado por la historia oficial de la música italiana y por la práctica totalidad de los libros de texto. Un show digno de grandes estrellas italianas, de cuando la elegancia era obligatoria, los coches descapotables parecían infinitos y la pasta todavía no tenía gluten.

Su repertorio recorre algunas de las canciones más emblemáticas de la música italiana. Mina, Rita Pavone, Renato Carosone, Adriano Celentano y muchos otros grandes nombres desfilan en su interpretación con un italiano tan personal que ni siquiera los lingüistas han logrado clasificarlo.

Entre canción y canción rememoran historias imposibles, anécdotas dudosas y confesiones que jamás deberían haber salido de una sobremesa. Todo ello servido con abundantes dosis de humor, nostalgia, calzone, risotto, pastrami y alguna receta secreta que probablemente incumple varios reglamentos sanitarios europeos.

Porque Giulietta y Federico no son únicamente un dúo de artistas. Son un viaje a la Italia de la Dolce Vita visto a través de dos grandes que no llegaron a ser famosos, pero que movían los hilos de la época. Se puede decir que eran quienes cortaban el prosciutto.

Preparen sus focaccias, brinden con sus botellas de limoncello y ajusten correctamente sus pañuelos de seda porque llegan directamente desde Via Veneto

¡Giulietta y Federico!